lunes, 24 de septiembre de 2007

Entrevista a un educador:

Durante más de tres décadas, José Alberto Rivas (1932) se ha dedicado a la investigación social en Chile, México, España, Costa Rica y, desde 1996, en el país. Sus primeras investigaciones las efectuó en Chile y estuvieron relacionadas con el tema de la juventud, luego se dedicó a hacer estudios relacionados con el asunto rural, campesino y agrario. Durante los últimos años su trabajo ha hecho énfasis en problemas de ciencia política, como elecciones, partidos y crisis política, violencia, democracia y Estado.

¿Cómo se inició en el campo de la investigación social? Desde joven tuve sensibilidad por los asuntos sociales, al punto de que cuando me iba a graduar de abogado en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), la tesis que hice no fue sobre un asunto jurídico, sino sobre las clases sociales en República Dominicana. Al principio hubo resistencia pero finalmente lo aceptaron y salió bien considerado. Eso da una idea de que ya tenía interés en las Ciencias Sociales. Después me fui a Chile (1964) a estudiar una maestría en Ciencias Sociales y luego a España (1970) a obtener el doctorado en Ciencias Sociales para el Desarrollo.

¿En dónde empezó a poner en práctica esta vocación? Me gradué en la FLACS en Chile en 1966. Ahí tuve la suerte de impartir clases en la misma universidad y de estar rodeado de una élite de intelectuales latinoamericanos.

¿Alguna vez ha sentido la tentación de la política? A mí me gusta la política, pero como objeto de estudio, como preocupación, como actividad humana y como una posibilidad de acercarse al poder e influir. Yo nunca he estado en un partido político, aunque he tenido amigos políticos, y nunca voy a estar, porque ya me queda poco tiempo de vida. No me desagrada la política ni los partidos; hoy se habla mal de éstos y de los políticos, lo cual no es justo, porque la gente que se expresa así termina en uno o siendo político. Los partidos son importantes para la vida democrática; sin ellos no hay democracia, así como tampoco sin ciudadanos.

¿Lo han invitado a participar en alguna organización política? Muchísimas veces, de manera que la tentación es permanente. Es como la tentación de la carme, pero me resisto.
¿Qué lo hace resistirse? Pienso que puedo ser más útil analizando la política y no haciéndola, pensando en ella y no viviéndola, esa distancia es la que me permite ser un poco más objetivo, más prudente.

Si tuviera el poder, ¿qué cambios haría en República Dominicana? Llamaría a una gran alianza no sólo de partidos políticos, sino también de organizaciones sociales y la academia (sociedad científica, literaria o artística) para llevar a cabo un programa mínimo de trabajo y empezar vigorosos programas en educación y salud, y una profunda reforma tributaria, para tener un Estado solvente. Tiene que ser un programa a largo plazo; cuatro años de gobierno no sirven ni para agarrar el ritmo, se necesita un tiempo mayor para cambiar al país. Pero cada cuatro años se desgasta un gobierno, un año para agarrar la onda y cuando falta uno se inicia la campaña electoral, es absurdo.

Después de investigar la realidad social del país, ¿qué es lo que más le ha llamado la atención? Este es un país obstinado, cuya historia siempre se va por el atajo, nunca por el camino ancho, amplio y visible y eso significa una historia dolorosa de tropiezos con ascensos y descensos. No todo ha sido malo, hemos tenido momentos de progreso y bienestar y otros en que esto no ocurre.

¿Se arrepiente de haber regresado al país? No, jamás; estoy muy contento. No me arrepiento de nada de lo que he hecho, no me lamento de haber estado afuera, porque si no me hubieran matado.

¿Qué cosas hacen que diga eso? Que me he sentido pleno y productivo dentro y fuera del país. Me he dado cuenta, modestamente, que soy útil y puedo producir y que, en consecuencia, me realicé en el exterior y aquí en el país. En el exterior tiene uno, a veces, más recompensas, porque nadie es profeta en su tierra.

¿Qué le duele más del país? La miseria… me duele, a veces tengo la sensación de tener una daga en el corazón. Cuando recién llegué a República Dominicana hice un recorrido por el sur y encontré a unos niños muy pequeños, llovía y hacia frío, iban sin ropa, descalzos… me dio rabia… es que no hay derecho….confieso que me puse a llorar, ¿cómo va a haber niños descalzos en esta época del desarrollo nacional? Iban caminando en el lodo y con una mirada perdida. Desde entonces, tropiezo con situaciones similares. Vivo acongojado, lo peor es que en mi trabajo, las estadísticas, las lecturas, todo lo que hago me ratifica la profunda desigualdad de esta patria adolorida.

¿Cuál considera que ha sido su mayor aporte a República Dominicana? No me atrevo a decirlo; creo que esa pregunta la deben responder otras personas, yo no puedo valorar mi propio trabajo, porque me pondría pedante o con un ego que no me cabría. Esa pregunta que la responda otra persona.

1 comentario:

Rodrigo Luque de Diego dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.